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ESPECIES DE ESPACIOS de Beatriz Fernández

La materia que compone los espacios, se encuentra ordenada así como el tiempo sirve para ordenar de una forma abstracta la duración de las que cosas que nos acontecen, su principio y su fin. El tiempo, al contrario que la materia, es muy relativo. La materia es tangible mientras que el tiempo no es más que una percepción mentalmente inexacta.

El autor habla de la materia que compone el vacío pero la característica del vacío es precisamente la ausencia de materia, y por lo tanto, el vacío no es más que eso. “No se puede concebir el espacio como totalidad sino como fragmento”. Creo que lo que no puede concebirse por la mente humana es “una totalidad” pero eso no implica que los espacios estén fragmentados, yo creo que están más bien relacionados entre sí. Es nuestra necesidad de ordenarlo todo, lo que nos hace pensar que los límites existen. Un ejemplo son las ideas, los pensamientos o los recuerdos. Algún tipo de espacio tienen que ocupar en nuestro cerebro, seguro, pero se trata de un disco de almacenaje muy amplio y sin embargo, sentimos la necesidad  muchas veces de sacar nuestras ideas del cerebro y plasmarlas en un soporte físico, como cambiándolas de sitio porque no conocemos los límites de nuestra memoria.

Existe una relación de espacios en el que espacios de poco tamaño van conformando otros de mayor tamaño pero a su vez, los espacios amplios están compuestos por otros espacios más  reducidos. Estos espacios y los elementos que los componen están desarrollados según las necesidades (vivienda, trabajo, ocio, …) y a su vez, según las culturas y costumbres.

No creo que la cama sea un espacio individual o de pareja, creo que es un elemento para definir el espacio en el que se encuentra; un dormitorio, el cual puede ser individual o compartido y no sólo por individuos sino por el resto de actividades que se pueden realizar en este espacio, como por ejemplo estudiar. Mesa y silla no son espacios, son elementos que nos indican que dentro del espacio “dormitorio” se encuentra un espacio de “estudio”, pero aún así, continúa siendo un dormitorio. Evidentemente, descansamos mejor o peor en función del soporte sobre el que lo hagamos, pero hay muchísimos otros factores ajenos a la cama que pueden trastornar nuestras horas de sueño.

Me parece que los capítulos Apartamento, Puertas y Paredes tienen mucho que ver entre sí, creo que no son más que elementos para hacernos sentir que un espacio es propio (típica necesidad humana). No creo que las puertas rompan los espacios sino que más bien, los dotan de privacidad. También opino que sólo las paredes que nos separan del exterior son las que sirven para delimitar los espacios, las paredes interiores sólo los distribuye pero se comunican entre ellos a través de las puertas y por eso las puertas interiores de una casa (por ejemplo) no tienen nada que ver con las que dan a la calle.

La calle es un espacio porque está conformado por numerosos elementos de carácter público y porque es un “algo” en el que podemos estar. Es un buen ejemplo para rebatir la opinión de Perec de que todos los espacios tienen sus límites. Los barrios no son más que (nuevamente) una forma organizada de distribuir las ciudades (con sus zonas comerciales y rurales) estas a su vez lo países, a su vez los continentes y a su vez el mundo, con la historia y costumbres de cada continente, país, ciudad, barrio, bloque, casa. Aquí acaban los espacios habitables para los seres humanos hasta nuestros días, a partir de esto se desconocen los límites “contenedores” (si los hay) de lo que conforma lo exterior al mundo y otros elementos, el universo.

ESTRUCTURA VERTICAL DE VIVIENDAS

Torres Blancas, Madrid, 1961-1968. Francisco Javier Saénz de Oiza, arquitecto. Estructura de J.A. Fernández Casado y Javier Manterola. 

[...] "En un momento determinado, Huarte, durante un viaje suyo a París, me envió un telegrama que resultó revolucionario. Me decía que `la verdadera libertad para un hombre que quiere una casa es encontrar un buen producto y hacerlo suyo´. Sentirse identificado con el proyecto. A partir de ahí, se me pusieron dos condiciones para el desarrollo de la idea: una cierta libertad de opción de plantas, y que la estructura fuese laminar de hormigón. Entré en contacto con Fernández Casado y el equipo de Huarte. Fernández Casado me dijo que si no quebraba la planta baja -al igual que hizo Le Corbusier en Marsella- las láminas de hormigón de quince centímetros permitirían desarrollar una buena y económica arquitectura. Y así, durante un año y medio, estudiamos y desarrollamos el proyecto, abandonando mi primera idea errónea de concentrar el hormigón en el centro de la Torre, adoptando la mejor idea de ellos de dejar vacío  el centro, pues las solicitaciones se producían en los bordes. Las pantallas de hormigón más resistentes se creaban perimetrales, ya que el centro apenas trabajaba. Esto llevó a la idea de construir las pantallas en forma de láminas, evitando los encuentros. Las láminas, así, se cerraban sobre sí mismas creando tubos: ascensores, chimeneas de evacuación, escaleras... Al final, resultaron ser láminas lógicas, que van pasando por los puntos más fijos de una planta libre... En cuanto a la tipología de vivienda, yo propuse unas plantas `dúplex´, con casas pequeñas, cuatro por planta. Llegué a una solución preciosa, en malla hexagonal, de casas en cruz. Pero el cliente no lo aceptó. Exigió volver al tipo de desarrollo laminar, con viviendas de mayores dimensiones. De modo que al final no resultó el proyecto soñado por mí... El momento más interesante fue la organización vertical de la Torre. Yo pensaba en un esquema de árbol, y así lo dibujé. En la parte baja -las raices- la Torre se prolongaba en la ciudad con los aparcamientos y los conductos; y en la parte alta -las ramas- la parte social de la Torre ocuparía el espacio, con las tiendas, la piscina, el gimnasio, etc. De tal manera que un señor en el ascensor nunca se preguntaría si subía o bajaba, porque tanta atracción tendría el suelo como el techo. Fueron viviendas en el espacio... " [...]
Francisco Javier Saénz de Oiza. Disertaciones. El Croquis nº 32 y 33. 1988. San Lorenzo de El Escorial, Madrid.