Especies de espacios. Samuel Juan Page

La intensa relación entre la materia constructiva y su consecuente sistema constructivo, en cualquier levantamiento, determina incuestionablemente la naturaleza de los varios espacios que se puedan llegar a formar. La llegada de nuevos materiales a la era moderna, tales como el acero, el vidrio o el hormigón, han posibilitado la conciencia y evolución de distintos sistemas constructivos que determinarían nuevas distribuciones, como la planta libre. Cualquier distribución condiciona la funcionalidad y habitabilidad del espacio, todos lo sabemos, lo que no todos somos conscientes de cual es la raíz que posibilita una ruptura con nuestra concepción de planta y de su distribución. Esa raíz es sin lugar a dudas la materia. Tanto Ludwig Mies Van der Rohe como Adolf Loos, Le Corbusier o Alvar Aalto, lo sabían.

La llegada de la Era Moderna y de arquitectos e ingenieros que supieran aprovechar los nuevos materiales que ésta traía, ha supuesto un cambio no sólo en como construimos sino también en como experimentamos nuestros espacios. Nuestra percepción de espacios ya no siempre quedan marcados por muros ni tabiques, una planta diáfana avista una aparente libertad especial para el que la circula, sin que llegue a saber del todo que está condicionado por una más que premeditada circulación: delimitadora de las distintas funciones (espacios) que el inmueble alberga.


Al poder reconocer el todo entre sus partes o cada una de las partes del total, una sucesión y agrupación de interespacios si se quiere, el habitante ya puede concebir  una planta, tal y como un ingeniero industrial conoce el accionamiento interno determinante para el funcionamiento de una tostadora, por ejemplo. El habitante por fin se ha ganado su nombre, el habitante ahora ya se ha realmente asentado como tal: el que habita uno entre muchos espacios.

Especies de espacios de Nerea López

"Todo tiene lugar en el espacio, todo es espacio"
Jesus Camarero.
¿Realmente existe lo que denominamos espacio? ¿O es solo una ilusión creada por el hombre para dotar de orden el vacio?
La frustración del pintor ante el lienzo en blanco, del arquitecto ante una parcela vacía y la falta de un desencadenante, del poeta ante la falta de una musa... el desconcierto de todos nosotros ante la nada.
Y es que nos aterra la nada, el vacío, lo inútil. Necesitamos dotarle a todo de un orden, una estructura, crear espacio. Esto se observa bien en los grabados de Echer, estructuras imposibles, disposición del espacio sin vacío...
"Antes no había nada o casi nada; después no demasiado, unas líneas, pero suficientes para que haya un arriba y un abajo, un principio y un fin, una derecha y una izquierda, un anverso y un reverso." Georges Perec; Especies de espacios.
El hombre se empeña en diseñar espacio, en crearlo a su antojo tanto dentro como fuera de su vivienda. ¿Pero hasta que punto nos pertenece el espacio?
Con líneas imaginarias creamos fronteras, con edificios alineados calles y varias de éstas, ciudades en las que vivimos nosotros en un lugar que nos hemos apropiado y llamamos hogar en el cual disponemos de múltiples espacios y hasta hemos creado puertas para poder cerrar los espacios que nos pertenecen y solo mostrárselo a un número reducido de personas.
No nos vale con crear espacio, queremos ser dueño de él. Porque en nuestro espacio es donde nos sentimos cómodos.
"La cama es el espacio individual por excelencia, solo dormimos bien en nuestra cama" Georges Perec; Especies de espacios.
La organización de nuestro espacio nos hace olvidar que había antes, como cuando cuelgas un cuadro en la pared y olvidas la pared. Pero ésta sigue ahí, igual que una estancia vacía se esconde tras nuestros muebles, igual que la nada sigue presente en los cimientos de la ciudad.

No obstante el espacio no se da de una agrupación caótica, sino de una agrupación que mantiene alguna relación entre sí. Aunque esa relación sigue otorgándola el hombre y tenemos esa curiosa capacidad de encontrar relación entre cosas a pesar de que estas sean realmente opuestas. Por lo tanto, si ¿podríamos afirmar que todo es espacio?

Especies de espacios de María Mata


“Así comienza el espacio, solamente con palabras, sin signos trazados sobre la página en blanco. Describir el espacio: nombrarlo, trazarlo, como los dibujantes de portulanos que saturaban las costas con nombres de puertos, nombres de caletas, hasta que la tierra sólo se separaba del mar por una cinta de texto continua…”

Georges Perec nos hace observar los espacios de la realidad empezando por una página, después con la cama, la habitación, el apartamento…, hasta terminar con el mundo. Ofrece sus ideas de cómo detallar, llenar, hacer propio un espacio o mostrarlo como inútil. 

El término del vacío determina un horror que enseguida necesita la presencia de algo, por lo que hay espacios para todos los usos y funciones, donde nos movemos evitando algún golpe.

A su vez, el espacio necesita el tiempo para explicar la realidad, debido a que un objeto que se encuentra en un espacio, no es el mismo pasados unos años. El tiempo va a desgastarlo, destruirlo…, no será lo que era. Jugar con el espacio debe convertirse en algo común, apropiarlo y escribir sobre él, conseguir que sobreviva, porque el espacio se deshace, el tiempo se lo lleva, lo cambia y transforma.

Tras esto, Perec ofrece observar el mundo que pasa frente a nuestros ojos tomando nota de lo que observamos y nos llama la atención, preguntarse qué función tiene, por qué está ahí…, en definitiva es descubrir qué es un espacio. Un espacio que va ligado al tiempo y al contexto. Perec lo define como aquello que nuestra mirada es capaz de observar hasta que choca con un obstáculo.

ESPECIES de ESPACIOS de Nuria Guillén



Espacio debe de ser entendido como medio natural que nos rodea en el cual los seres vivos viven. El espacio está ligado con el concepto de tiempo, entre ambos existe una dualidad recíproca, el tiempo será el encargado de desgastar y destruir los espacios que nosotros vayamos conociendo. Por esta razón el espacio debe de ser entendido, al fin y al cabo, como algo que está en constante cambio y por lo tanto el espacio se vuelve una pregunta.

Es interesante la forma en la que Perec nos da a conocer su propia visión de lo que él mismo entiende por el término espacio. Juega con las diferentes escalas que podemos encontrar en el mundo y realiza un análisis de lo más particular a lo más general. El espacio comienza con una simple palabra en una página en blanco. Y termina siendo algo que el tiempo se lleva y sólo deja unos cuantos pedazos uniformes. Es curioso cómo Perec es capaz de establecer una relación entre una simple página en blanco, hasta llegar al concepto abstracto de espacio, para finalmente llegar a entender y extraer la propia esencia de su verdadero significado y ver de qué modo nos atañe a nosotros como personas que vivimos en él. Para ello es necesario pasar por una serie de términos que tienen un vínculo con lo cotidiano como son la cama, la habitación, el apartamento, el inmueble, la calle, el barrio, la cuidad, el campo, el país, Europa, el mundo y finalmente el espacio.

Nuestro campo visual es el encargado de mostrarnos un espacio limitado. Además proporciona el relieve y distancia de todo aquello que nos rodea. Otra forma de definir el espacio sería: “ El espacio es lo que frena la mirada”. Si este último concepto lo trasladamos al campo de la arquitectura, podemos apreciar cómo la arquitectura siempre será la encargada de establecer los limites entre lo exterior y lo interior. De tal forma que el espacio en ese momento pasa de ser algo que no tiene limite a algo finito, marcado por la acción de la construcción. Además de establecer unos limites, la arquitectura es el arte que cubre las necesidades del ser humano y que a su vez nos protege de la intemperie, creando un espacio.







Especies de espacios de David Oporto


El espacio para Georges Perec es todo aquello que nos rodea nos invade, nos hace sentir, y afecta a nuestro sentimientos, en su ensayo, nos muestra diferentes formas y métodos para analizar todo lo que nos rodea, es decir el espacio, de una manera diferente a la que estamos acostumbrados hoy en día, y empieza desde lo más concreto, en este caso la cama, hasta lo más general, que es el mundo.

Así pues nos propone un método de análisis, que consiste en no pasar por alto todo lo cotidiano que ocurre a nuestro alrededor en el espacio, y prestar gran atención a los pequeños detalles, ya que el espacio está en cambio constante y jamás va a ser el mismo pasados un segundo, ya que algo seguramente ha cambiado. También analiza el diseño de las viviendas, siempre pensadas en baso a vidas teóricas e hipotéticas, que jamás están pensadas para la vida real y cotidiana,  y propone así un nuevo modelo de vivienda, en la que las diferentes estancias de la vivienda se encuentren diseminadas por la ciudad, en función a los sitios más frecuentados del propietario de la misma para así proporcionar una mayor comodidad y evitar desplazamientos e incomodidades innecesarias.

Finalmente, el espacio es definido como una dimensión, una extensión, una materialidad, una realidad, una estructura, una fragmentación, por tanto , el espacio se encuentra dividido en diferentes fragmentos, que en la mayor parte de los casos , es lo que nuestra vista nos permite observar hacia el horizonte, salvo que esta se tope con un obstáculo intermedio lo cual nuestro espacio seria reducido drásticamente, en el espacio todo tiene lugar, todo es espacio u ocupa un espacio, es en el lugar en el cual habitamos, vivimos y transformamos para satisfacer nuestras necesidades y obtener un correcto modo de vida en cualquier espacio.

ESPECIES DE ESPACIOS de Georges Perec

“El objeto de este libro no es exactamente el vacío, sino más bien lo que hay alrededor, o dentro. Pero, en fin, al principio, no hay gran cosa: la nada, lo impalpable, lo prácticamente inmaterial: la extensión, lo exterior, lo que es exterior a nosotros, aquello en medio de lo cual nos desplazamos, el medio ambiente, el espacio del entorno”. 

PEREC, G. (1974) Espèces d´espaces. París: Éditions Galilée. (*) Primera edición española de Montesinos bajo el título Especies de Espacios. Madrid, 1999.




La Ópera de Sídney, John Utzon


















 

 Jorn Utzon (Copenhague 1918-2008) pasa a la historia principalmente por su obra emblemática en la bahía de Sydney, su Teatro de la Ópera. Heredero de la tradición escandinava de Alvar Aalto y de la arquitectura orgánica impulsada por F. Lloyd Wrigth y por el propio Aalto, Utzon no es solamente el autor de este edificio, aunque así lo parezca cuando se lee su biografía, sino también de construcciones como la Iglesia de Bagsvaerd, en Dinamarca; el Can Lis de Mallorca; el Theater de Zúrich, o el Utzon Center en Aalborg, Dinamarca, su última obra. En todas ellas da muestras de su estrecha relación al organicismo arquitectónico, aunque con el paso de los años tiende a simplicar su estilo con una mayor sobriedad y sencillez formal. El reconocimiento a su obra y en concreto a su construcción más conocida, la que hoy nos ocupa, le llegó al final de su vida: en 1992, recibe el Premio de la Fundación Wolf de las Artes; en 2003, es nombrado Doctor Honoris Causa de la Universidadde Sydney, y finalmente ese mismo año recibe también el Premio Pritzker, el nobel de la arquitectura.

Su nombre por tanto, siempre estará unido a la construcción del Teatro de la Ópera de Sydney, por más que sufrió no pocas dificultades para avanzar en su construcción y que él mismo no sería quien acabara la obra. El resultado final especialmente en lo que se refiere a su apariencia externa es espectacular, y muy original. Se advierte el ascendiente directo de Alvar Aalto, que sin perder de vista una estricta racionalidad casi minimalista en sus construcciones, ya había dado buena prueba de su interés por asociar sus obras a elementos y organismos de la naturaleza. Su enorme influencia, sobre todo lógicamente en Escandinavia, y un nuevo interés por reconvertir ese organicismo en una propuesta abierta, original, imaginativa y libre del lastre racionalista, dará lugar al proyecto de un joven arquitecto que en 1957 gana el concurso de adjudicación de la Ópera de Sydney, el danés Jorn Utzon. Aunque curiosamente su proyecto sólo contaba con un dibujo del edificio y no el diseño completo con todas las medidas, lo que a la larga complicaría llevar a efecto la obra, si bien la belleza formal y la originalidad del proyecto convencieron al jurado.

Se asienta el edificio sobre una gran plataforma rectangular, aunque la verdadera originalidad y la complejidad estructural del edificio consistió en su abovedamiento: una serie de conchas blancas, yuxtapuestas y erguidas, que igual recordaban las velas de los barcos que los caparazones de unos gigantescos moluscos. Algo novedoso, imaginativo y además muy apropiado para el lugar en el que se iba a ubicar el edificio, en plena bahía de Sidney. La construcción en cualquier caso de dicha cubierta no iba a ser fácil. El proyecto original hubo de sufrir diversas variaciones, en especial las que reconvirtieron las conchas originales en casquetes de sección esférica por razones de cálculos estructurales, lo que en cualquier caso no afectaba a la apriencia orgánica del edificio. También se decidió que se construyeran a base de hormigón prefabricado, cubriéndose definitivamente con azulejería blanca. Sus dimensiones, especialmente su altura, y su forma, requirió además la construcción de un costillar de apoyo sobre el que asentar las bóvedas, así como un sistema de sostén de más de quinientos pilares cimentados incluso bajo el mar.

Los problemas siguieron, no obstante, sobre todo cuando el nuevo gobierno surgido de las urnas en Nuevas Gales del Sur en 1965 empezó a cuestionar el trabajo de Utzon, al que además se le obligó a verificar los proyectos en el nuevo Ministerio de Obras Públicas. Esta subordinación al poder político, que iba asociada además a un recorte presupuestario y a una limitación en su toma de decisiones, le empujó a abandonar el proyecto en 1966 sin que se hubiera concluido la obra. Se haría entonces cargo del proyecto Peter Hall, que introduciría algunos cambios, sobre todo en la concepción interior de algunas salas y en especial del Salón de la Ópera que se vería notablemente ampliado.

Finalmente, el edificio se inauguró en 1973, convirtiéndose hoy por hoy no sólo en el símbolo por excelencia de la ciudad y casi de aquel continente, sino en una imagen característica también de la arquitectura más actual. Y si bien la autoría sólo puede concederse a Utzon, y hemos visto al principio que con el tiempo se le reconoció su mérito en la propia ciudad de Sydney, las desavenencias que hubo no se olvidaron fácilmente, y tal vez por ello él nunca más regresó a Australia para ver terminada su obra maestra.